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Cuotas impagadas: cómo reclamarlas sin romper la relación

En una entidad de voluntarios, quien debe una cuota no es un cliente: es el padre de una niña del equipo, la vecina que lleva veinte años en el coro o el primo de quien preside. Por eso reclamar incomoda tanto, y por eso la mayoría de juntas lo va dejando hasta que el agujero es grande y la conversación, difícil.

La buena noticia es que la incomodidad baja mucho si se reclama pronto, poco y siempre igual.

Primero, separad los tres casos

No todos los impagos son lo mismo:

  • El descuido. El recibo volvió por fondos insuficientes un mes complicado. Se resuelve con un aviso y suele pagarse esa misma semana.
  • El cambio de datos. La cuenta está cerrada y nadie lo había dicho. No es una deuda: es un trámite.
  • La decisión. La persona no quiere continuar y no lo ha dicho. Eso no se resuelve insistiendo: se resuelve hablando una vez.

Tratar los tres igual es lo que hace que el primero se sienta perseguido y el tercero no se dé nunca de baja.

La regla del plazo corto

Cuando un recibo vuelve, el aviso tiene que salir esa semana, no al cabo de tres meses. Dos razones: la persona todavía recuerda qué pasaba aquel mes, y el importe todavía es una cuota, no tres. Reclamar 40 € es una conversación; reclamar 120 € es un problema.

Escribidlo una vez y usadlo siempre

El texto del aviso no se improvisa cada vez. Una entidad funciona mejor con un aviso único que diga, en este orden:

  1. Qué ha pasado (el recibo de la cuota de X no ha entrado).
  2. Por qué puede haber pasado (sin acusar a nadie).
  3. Qué hay que hacer (pagar por transferencia, actualizar el IBAN o avisar si se quiere dar de baja).
  4. A quién escribir si hay un problema.

El tono importa: la misma frase puede sonar a recordatorio o a advertencia, y en una entidad de 80 socios eso se nota en la siguiente asamblea.

No lo mandéis cada semana

Un recordatorio cada siete días no acelera el pago y sí quema la relación. Un ritmo razonable es avisar, esperar un par de semanas, avisar una segunda vez y, si sigue sin respuesta, llamar. La llamada resuelve en tres minutos lo que diez correos no resuelven.

Decidid antes qué hace la junta con quien no paga

Esta es la parte que nadie quiere escribir y que lo arregla todo. Los estatutos de muchas entidades dicen qué pasa con un socio que no está al corriente —si pierde el derecho de voto, si causa baja, en qué plazo—, y muchas juntas no lo han leído nunca. Si no dicen nada, vale la pena que la asamblea lo acuerde y quede en acta.

Tenerlo escrito saca la decisión de las manos de quien tiene que llamar. Ya no es "la tesorera te ha dado de baja": es lo que se acordó para todos.

Qué no hacer

  • Publicar la lista. Nunca. Ni en la asamblea, ni en el grupo de WhatsApp, ni en el tablón.
  • Dejarlo correr un año. La deuda crece y el día que se reclama es imposible de cobrar.
  • Cobrar dos recibos juntos sin avisar. Un cargo doble inesperado es la manera más rápida de que te devuelvan los dos.

Y llevad la cuenta

Parece obvio y no lo es: quién debe qué, desde cuándo y qué aviso se le ha mandado. Si eso vive en la cabeza de la tesorera, se pierde el día que la tesorera lo deja. Si vive escrito, la junta siguiente lo recoge sin tener que reconstruir nada.

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